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En el devocional anterior descubrimos que Dios sí tiene un propósito para cada una de nuestras vidas. Sin embargo, una vez que hayamos descubierto nuestro propósito, debemos permanecer enfocados. Lucas 4:42–44 dice:
Cuando ya era de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo buscaba y, llegando a donde estaba, lo detenían para que no se fuera de ellos. Pero él les dijo: —Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto he sido enviado. Y predicaba en las sinagogas de Galilea. (RVR1995)
Quiero que se fije en la declaración de Jesús: “Para esto he sido enviado”. Jesús conocía su propósito. Dijo: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios” (Lucas 4:43 RVR1995). Pero dese cuenta de que la gente intentó distraerle de ese propósito.
Estoy seguro de que las personas tenían buenas intenciones, pero estaban tratando de distraer a Jesús de Su propósito. Pero Jesús conocía Su propósito, así que por eso no se quedó.
Las personas inocentemente lo distraerán de hacer lo que Dios le ha llamado a hacer. Es solo cuando conoce su propósito que no se desviará y no se distraerá de aquello que sabe que debería hacer.
El apóstol Pablo conocía su propósito. De hecho, él dijo lo siguiente en 1 Corintios 9:26: “Yo me esfuerzo por recibirlo. Así que no lucho sin un propósito” (TLA). Pablo tenía un propósito y se esforzaba para lograrlo sin distraerse.
Nuestras vidas deberían tener objetivos, pero objetivos que nos lleven a un propósito y a una dirección donde constantemente nos mantengamos enfocados, corriendo hacia la meta. Manténgase enfocado en el propósito por el cual Dios lo creó.
Que pueda decir lo que dijo Pablo: “Corro hacia la meta con un propósito bien definido”.
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