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En Salmos 118:8–9, se nos dice lo siguiente:
Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes. (RVR1995)
Hay muchas formas de aplicar este pasaje, sin embargo permítame hablar sobre una solamente. Y es la siguiente: Usted lo que no quiere hacer es confiar el estado eterno de su alma a ningún hombre.
Señora, quizás su esposo ora. Quizás él tiene una relación muy estrecha con Dios. No espere que le gane méritos o que, de alguna forma, le ayude a entrar al cielo. Usted misma debe tener una relación con el Señor.
Señor, quizás usted tiene una esposa que ora y está apasionada por Dios. No espere que eso le garantice una silla en la mesa de las bodas del Cordero. Usted debe nacer de nuevo. Usted mismo tiene que confiar en el Señor. Usted debe tener su propia relación con el Salvador. Si no es así, no entrará.
Cuando tenía veinte pocos años, había una plétora de gurús y místicos orientales a quien las personas seguían mucho. Algunos de mis amigos dieron todas sus posesiones terrenales para convertirse en discípulos de ciertos hombres “santos”.
Pero, ¿sabe qué? Si usted sigue a un hombre, cuando él perezca, usted también perecerá como él. Salmos 146:3–4 dice:
No confiéis en los príncipes ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación, pues sale su aliento y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos. (RVR1995)
Si usted pone su confianza en los hombres, usted perecerá así como ellos. Pero si pone su confianza en Dios a través de Su Hijo Jesucristo, usted obtendrá vida eterna.
¡Ponga su confianza solamente en Dios!
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