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La humildad es una clave muy importante para la oración eficaz. En 1 Pedro 5:5–6 leemos los siguiente:
Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad, porque “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte a su debido tiempo. (RVR1995)
La humildad, más que nada, es una actitud del corazón que dice: “Reconozco que no soy autosuficiente. Estoy abierto, dispuesto a la enseñanza, estoy agradecido. Dios, estoy dispuesto a inclinar mi corazón ante Ti y a confesar que estoy en absoluta necesidad de Tu ayuda”.
Contrariamente a lo que algunas personas dicen y piensan, la humildad no debe compararse con la falta de valentía. De hecho, se necesita mucha valentía para que una persona admita que tiene una necesidad. La mansedumbre no es debilidad. La mansedumbre es una señal de fortaleza.
En Salmos 18:35 el rey David dijo: Tu benignidad (o Tu mansedumbre) me ha engrandecido” (RVR1995). Moisés fue llamado el hombre más manso y humilde del planeta y, sin embargo, no pensamos en él como una persona débil. Moisés es uno de los grandes líderes que encontramos en las páginas de la Biblia, y muy pocas personas en la historia han tenido el poder con Dios en el lugar de oración como él lo tuvo.
Jesús, nuestro Salvador, dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29 RVR1995). Amigo, esa debería ser una de las cualidades que caracterizan nuestras vidas, especialmente cuando estamos orando. Es una de las llaves para la oración eficaz.
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