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En el devocional anterior, hablamos de la quinta “C” para ganar almas: el Consolador, que es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo tiene tanta importancia a la hora de testificar que hoy le quiero llevar a otro pasaje para que entienda Su papel con más claridad.
El pasaje es Juan 16:7–9. Aquí Jesús está hablándoles a sus discípulos sobre la venida del Espíritu Santo, el Consolador:
Pero les digo la verdad: Les conviene que me vaya porque, si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes; en cambio, si me voy, se lo enviaré a ustedes. Y, cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio; en cuanto al pecado, porque no creen en mí.
Jesús no nos está diciendo que necesitamos orar: “Espíritu Santo: ve y convence a esta persona”. Más bien, el fundamento desde el está hablando se encuentra en Juan 14. En ese pasaje Jesús dice: “Cuando el Espíritu Santo venga, no solamente estará con ustedes, sino que estará en ustedes”.
En los siguientes versículos, Jesús habla sobre todas las cosas que el Espíritu Santo hace en nosotros. Y aquí, cuando Él habla sobre el Espíritu Santo en cuanto a convencer al mundo de pecado, Él lleva a cabo esa obra cuando nosotros enfrentamos a las personas con el evangelio.
Cuando nosotros hablamos a las personas de Cristo, el Espíritu Santo comienza a trabajar.
Pienso en aquel niño de doce años que me habló de Jesús—un niño de doce años lleno del Espíritu Santo. Nunca antes en mi vida había escuchado del evangelio, pero había algo en él que me cautivó y que no me lo podía sacar de la mente.
Era el poder del Espíritu Santo obrando por medio de él. Y Él quiere obrar por medio de usted también.
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