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En Salmos 39:1, se nos da una advertencia importante:
Yo dije: Guardaré mis caminos, para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca como con mordaza, mientras el impío esté en mi presencia. (LBLA)
La palabra hebrea traducida como “caminos” en este pasaje literalmente significa un camino bien trillado. Pinta el retrato de un camino que está gastado y donde se ha formado un surco.
El salmista está dirigiendo nuestro atención hacia algo que ha sido repetido vez tras vez, una respuesta que ha sido varias veces repetida y que se ha arraigado en nuestro comportamiento: un hábito.
Quizás usted haya escuchado el dicho: “De ahí no lo sacas” queriendo decir que es improbable que uno vaya a cambiar la forma en la que una persona actúa en ciertos casos. Los “caminos” son hábitos, actitudes y respuestas que son improbables de cambiar sin una motivación muy poderosa o sin algún tipo de encuentro con Dios.
Creo que prácticamente cada habito que tenemos comenzó con un pensamiento. Siembre un pensamiento y cosechará una acción. Siembre una acción y cosechará un hábito. Siembre un hábito y cosechará un carácter. Siembre un carácter y cosechará un destino. Todo comienza con un pensamiento que debió haberse tratado, pero que no se hizo.
Tome un tiempo hoy para considerar sus pensamientos. ¿Está dándole cabida a los pensamientos que lo llevan a hábitos impíos? Si es así, entréguele esos pensamientos a Dios y pídale que le ayude a pensar pensamientos que lo lleven hacía hábitos piadosos.
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