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En el Antiguo Testamento, encontramos la historia de Esdras y de un grupo grande de israelitas que regresaron a Jerusalén para reestablecer el templo y la adoración a Dios. En medio de este increíble esfuerzo, Esdras hace una oración poderosa que encontramos en Esdras 9:8:
Pero ahora tú, Señor y Dios nuestro, por un breve momento nos has mostrado tu bondad al permitir que un remanente quede en libertad y se establezca en tu lugar santo. Has permitido que nuestros ojos vean una nueva luz, y nos has concedido un pequeño alivio en medio de nuestra esclavitud.
Esdras oró para que sus ojos fuesen iluminados espiritualmente. La misma oración que hizo Pablo en Efesios 1, cuando oró para que los ojos de los efesios vieran la luz espiritual.
Una muestra vital de la necesidad de un avivamiento es cuando estamos espiritualmente apagados e insensibles a la voz de Dios, y a la creatividad y dirección del Espíritu Santo.
Quizás recordará algo creativo que funcionó una vez en su vida, pero tristemente ha menguado. Ha disminuido. Está inactivo.
¡No debería ser así! El Espíritu Santo quiere incitarle, guiarle y darle conocimiento y creatividad. Sin embargo, si está viviendo en una neblina espiritual y ha llegado a acostumbrarse a ella, puede estar seguro de que ha llegado a estar espiritualmente apagado.
Es ahí cuando necesita ser avivado. Y cuando lo esté, habrá una iluminación en sus ojos. Tendrá un sentido renovado y una conciencia clara, y la dirección del Espíritu Santo. Eso es lo que viene con un avivamiento.
Cuando esté espiritualmente avivado, será sensible al Espíritu de Dios, y obtendrá iluminación sobrenatural.
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