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En Salmos 147:10–11, David nos ayuda a comprender dos cuestiones que le agradan a Dios—dos cosas que aparentemente están desconectadas una de la otra.
El Señor no se deleita en los bríos del caballo, ni se complace en la fuerza del hombre, sino que se complace en los que le temen, en los que confían en su gran amor.
En primer lugar, Dios se deleita en aquellos que le temen, aquellos que tienen un respeto reverencial hacia Él. En segundo lugar, Dios se deleita con aquellos que esperan en Su misericordia.
En el devocional de hoy, quiero concentrarme en lo que significa temer a Dios. Y en el devocional de mañana, veremos lo que significa esperar en la misericordia, y cómo ambas cosas están conectadas.
Las Escrituras constantemente nos advierten de que debemos temer a Dios. Pero, ¿cómo hacemos eso? Creo que la Biblia nos da por lo menos cuatro maneras de hacerlo:
Dedique un tiempo hoy para orar y pídale a Dios que le ayude a vivir su vida bajo
estos principios. Porque Dios se deleita en aquellos que le temen.
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