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Como mencioné en el devocional anterior, Dios quiere bendecir su vida, y las bendiciones más ricas y frecuentes llegan a aquellos que hacen algo en particular. Esto lo vemos en Gálatas 6:9–10:
No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.
Las temporadas de bendición siempre llegan a aquellos que siembran constantemente, a aquellos que aprovechan las oportunidades para hacer el bien. Lea nuevamente en el versículo 9: Y no nos cansemos de hacer el bien. El versículo 10 dice: “Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad”.
Esta misma verdad es reforzada por el versículo 7 que dice: “No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra”.
Si sembramos el bien, cosecharemos el bien. Una temporada de bendiciones llegará.
Lo que muchos cristianos tienden a hacer es ponerse delante de un campo en el cual no plantaron ni una semilla y orar: “Dios: dame una cosecha milagrosa”.
Ahora bien, Dios es Dios, y Él ciertamente puede hacer cosas fuera de lo ordinario. Pero también obra de acuerdo a las leyes y a los principios que Él ha establecido. Una de esas leyes es la ley de la siembra y la cosecha.
Lo que un hombre siembra, eso cosecha. Por lo tanto, no se canse de hacer el bien. A su debido tiempo, cosechará si no desmaya. Cuando se le presente la oportunidad de hacer el bien, hágalo. Plante semillas.
Porque las bendiciones más ricas y frecuentes llegan a aquellos que siembran el bien.
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