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Isaías 14:12–15 registra la caída de Satanás. Creado como el arcángel de Dios, leemos sobre la insatisfacción que le metió en serios problemas.
¡Cómo caíste del cielo, Lucero, hijo de la mañana! Derribado fuiste a tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: “Subiré al cielo. En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré, en los extremos del norte; sobre las alturas de las nubes subiré y seré semejante al Altísimo”. Mas tú derribado eres hasta el seol, a lo profundo de la fosa. (RVR1995)
Su problema claramente fue el orgullo. “Subiré, levantaré, me sentaré, seré como Dios”. No estaba satisfecho con ser el arcángel que Dios creó. Quería quitarle el lugar a Dios.
La raíz del orgullo de Satanás fue su insatisfacción con el cargo y el puesto que el supremo Monarca del universo le había asignado y permitido tener. Satanás pensó que se merecía más.
Todos tenemos nuestro ámbito de influencia, y todos tenemos nuestros dones que Dios nos ha otorgado. Su ámbito de influencia y sus destrezas son diferentes a las mías, y las mías son diferentes a las suyas. Es insensato desear algo que alguien más posee en vez de explorar lo que Dios le ha dado y desarrollarlo a su máximo potencial.
Cuando usted mira al otro lado de la cerca, pareciera como si el césped es más verde de aquel lado pero, cuando salta la cerca, se da cuenta de que el césped estaba pintado.
Usted solamente estará satisfecho si desarrolla lo que Dios ha puesto en su interior y lo lleva al nivel más alto. Eso es por lo que será recompensado.
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